Archivo

Archive for 29 septiembre 2011

Buenos Aires es La meca

septiembre 29, 2011 Deja un comentario

Declaran a Rosa Montero “Huésped de Honor” de la Ciudad de Buenos Aires. 

Rosa Montero declarada Huesped de Honor de la ciudad Autonoma de Bs. As.(Mario Quinteros)

Ñ. 27 de septiembre de 2011.
Por Julieta Roffo  

Para los que amamos el mundo urbano, Buenos Aires es un poco como La Meca, como el aleph de las ciudades, el principio y el fin de todas las cosas”, dijo ayer Rosa Montero, la novelista y periodista española, en el acto que la distinguió como Huésped de Honor porteña por su contribución a la cultura. Y aunque formalmente había recibido el título el 12 de mayo, ayer fue tiempo de acto, diploma y medalla.

En el Salón Eva Perón de la Legislatura porteña se reunieron más de cincuenta personas para acompañar a Montero, que compartió la mesa con la periodista y editora Hinde Pomeraniec, la escritora Claudia Piñeiro, y María Elena Naddeo, la legisladora que impulsó su nombramiento.

Según explicó Naddeo, la reivindicación de género que Montero hace desde la literatura y el periodismo, fue uno de los motivos para reconocer su trayectoria. Montero, por su parte, dijo que se prefiere “antisexista” antes que “feminista” y que no concibe, en el siglo XXI, no ser antisexista, “no importa si eres hombre o eres mujer”.

Su rol activo en la sociedad y, otra vez, la reivindicación de género fueron algunas de las características de la autora que las otras dos participantes de la mesa señalaron. “Rosa es una ciudadana modelo, que exige lo que debe exigir un modelo a seguir, siempre, en Madrid y también en Buenos Aires”, señaló Pomeraniec, que también destacó su constante interés por el lector y su rigurosidad profesional. Piñeiro recordó una anécdota para ilustrar su generosidad: “Cuando recibí el Premio Clarín Novela por Las viudas de los jueves , Rosa me sugirió, de parte de todo el jurado, que hiciera algunos ajustes sobre el final de la historia. Lo hice y el texto sin duda mejoró”.

Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín , destacó su generosidad como anfitriona: “En Madrid, puede llevarte a un lugar donde se come bien y se conversa aún mejor”, le había dicho a Piñeiro. Pomeraniec celebró la distinción: “Si para mí, como amiga, es una alegría enorme tener a Rosa como huésped, me pone muy feliz que lo mismo suceda para la Ciudad”, dijo. Y Piñeiro lo definió como “un acto de justicia”.

Montero expresó que “fue la literatura la que me hizo conocer a Buenos Aires, y por la literatura ustedes me han conocido. Celebro que el arte haya sido nuestro lenguaje para comunicarnos”.

***

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA
ROSA MONTERO

Seix Barral.480 páginas

Anuncios
Categorías:Notas Etiquetas: ,

La vida en bancarrota

septiembre 29, 2011 1 comentario

Publican nueva edición argentina de Crack up de Scott Fitzgerald con traducción de Marcelo Cohen, prólogo de Alan Pauls y tapa dibujada por Rep.

La vida como un proceso de demolición

Ñ. 27 de septiembre de 2011.
Por Pablo Chacon

En esta edición impecable del “Crack-Up”, donde Francis Scott Fitzgerald pensó su bancarrota económica y espiritual, se leen las consecuencias de un mal de época.

 

 Acaso sea pertinente preguntarse por qué este texto de Francis Scott Fitzgerald sobrevive tan bien o mejor incluso que sus novelas, cuentos, poemas o apuntes. Esta nueva edición argentina de Crack-Up, con traducciones de Marcelo Cohen, Martín Schifino y Matías Serra Bradford, incluye, además, un prólogo de Alan Pauls, una selección de los cuadernos del escritor, cartas a su hija, amigos, misceláneas, retratos de sus contemporáneos (sobresale el de su amigo y editor, Edmund Wilson) y un hermoso dibujo de Repen la tapa. Pero tampoco falta, anotado acá o allá, el amor por su mujer, Zelda, su afecto y también el odio por otro escritor, Ernest Hemingway, forjado en las dos primeras década del siglo pasado, una especie de obituario, un poema de Wilson y otro del poeta estadounidense John Peale Bishop encabezado por un epígrafe del mismo Fitzgerald: “En la verdadera noche del alma son siempre las tres de la mañana”, la coloratura de las piezas centrales de este volumen.

 

Pensar la bancarrota

En “El Crack-Up”, “Pegamento” y “Manipúlese con cuidado”, escritos entre febrero y marzo de 1936, cuatro años antes de su muerte, Scott Fitzgerald piensa su bancarrota (moral, económica, espiritual, sanitaria) como una categoría que la psicología amarilla pretende transformar en una clínica, justamente contra la posición de su inventor, a quien jamás se le hubiera ocurrido semejante huida: calcular el momento de la caída es imposible, porque la caída ya sucedió, sin atender prevenciones, sin las luces de la angustia que se prenden por repetición o cercanía del objeto que la causaría. “Toda vida es un proceso de demolición, por supuesto, pero los efectos de los golpes que hacen la parte dramática del trabajo –los grandes golpes súbitos que vienen o parecen venir de afuera, los que uno recuerda, los que carga con las culpas, los que en momentos de debilidad les cuenta a los amigos– no se muestran en el acto. Hay otra clase de golpe que viene de adentro, que no se siente hasta que ya es tarde para tomar alguna medida, hasta que uno entiende irrevocablemente que en algunos aspectos nunca volverá a ser tan buen hombre como antes. La primera clase de rotura da la impresión de suceder rápido; la segunda clase ocurre sin que uno sepa, pero se hace consciente bien de repente”.

Alan Pauls habla del crack-up como un mal de época, y caracteriza a Scott Fitzgerald como el representante perfecto de esa época, anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la ilusión de que la técnica pacificara las pulsiones autodestructivas era soberana –a pesar de los escritos técnicos de Sigmund Freud, vigía solitario de una desilusión sin retorno. La depresión del 29 y del año 30, sobre todo en los Estados Unidos, operó como un tornasol sobre el crecimiento económico fundado en un positivismo de rostro humano que integraba batallones de excluidos bajo los protocolos del racismo contra negros e inmigrantes que destrozaría los lazos sociales de ese país (quizá salvado por cierta insularidad) pero que no tardaría en mostrar su costado más siniestro con el ascenso del fascismo en países como Italia, Alemania y España.

El desánimo y la depresión

Francis Scott Fitzgerald muere el 21 de diciembre de 1940 de un ataque cardíaco en Hollywood, intentando pagar los platos rotos de los años locos, tiranizado por guionistas ignorantes y eufóricos, que contrastaban con su vida de hombre agotado, casi un muerto en vida, después de vivir como un rico “desconfiando de los ricos pero trabajando para ganar lo que permitiese compartir su movilidad y la gracia que algunos de ellos dan a sus vidas”. Pasaron los años, los 25, los 35, “y nada volvió a estar igual de bien”, escribe el autor de El gran Gatsby en Los Angeles, lejos de su hija, de su mujer y amigos, empieza a pesar el desaliento, tan distinto del desánimo como de la depresión. “El desaliento tiene un germen propio, tan distinto de las dificultades como la artritis es distinta de una dureza de codo”.

El desaliento es el crack-up.

El crack-up produce al sujeto agotado, fisurado, desfondado, atacado por una racha intempestiva, inesperada, fuera de lugar. Scott Fitzgerald, al contrario que un fracasado, condensa una subjetividad inédita (que lo acerca a los personajes de Samuel Beckett): ese agotado en todos los órdenes del cual este libro es su cuaderno de bitácora.

Categorías:Notas Etiquetas: , , ,

El enfant terrible francés vs. Wikipedia

septiembre 28, 2011 Deja un comentario

Michel Houellebecq fue acusado de plagio por Wikipedia, por su libro El mapa y el territorio. Sin embargo la obra en cuestión ganó el Premio Goncourt y es uno de los libros más vendidos en España.

Houellebecq da las gracias a Wikipedia por ser su “fuente de inspiración.”

abc.es / 26 de septiembre de 2011

Apenas lleva un mes en las librerías españolas y El mapa y el territorio, el libro con el que Michel Houellebecq, «enfant terrible» de las letras francesas, ha perdido parte de su rebeldía al recibir el prestigioso Premio Goncourt, ya ocupa los primeros lugares en la lista de los libros más vendidos.

Un espacio logrado no solo por las buenas críticas en general que está teniendo la novela, publicada por Anagrama, sino por «el boca a oreja», que funciona de maravilla para adentrarse en la quinta y última obra del autor de «Las partículas elementales», la cual además viene acompañada por la polémica de la acusación de plagio por el uso que hizo Houellebecq de algunos párrafos de la Wikipedia.

Una acusación difícil de probar, ya que además de los retoques que Houellebecq (Reunión, Francia, 1958) hace con sus escritos, en en la página dedicada a los agradecimientos da las gracias específicamente a Wikipedia, «cuyas notas he utilizado -dice- como fuente de inspiración, especialmente las relativas a la mosca doméstica, a la ciudad de Beauvais y a Frédéric Nihous».

En El mapa y el territorio Houellebecq utiliza menos que en sus anteriores trabajos lo políticamente incorrecto, como su obsesión por la sexualidad, sus latigazos de xenofobia o de islamofobia, o su defensa del turismo sexual en Tailandia, pero introduce en la novela un elemento muy elogiado, que es la creación de un personaje llamado Michel Houellebecq.

Un escritor francés misántropo, aislado del mundo, raro, que forma parte de una trama con tintes de novela negra y que le da al protagonista, Jed Martín, un artista, el contrapunto y el álter ego -él también es un ser humano poco dado a los humanos- para atizar contra el arte contemporáneo y los temas de la sociedad de consumo y el capitalismo en general.

+Leer la nota completa

***

EL MAPA Y EL TERRITORIO
MICHEL HOULLEBECQ

Anagrama. 384 páginas

Rómulo y Remo siglo XXI

septiembre 28, 2011 Deja un comentario

Se edita en español el libro Dog Boy de Eva Hornung. En El niño perro -un libro dificil de clasificar- la autora australiana  analiza el vínculo entre hombres y animales, y la crueldad de los primeros.

Terrible visión de la crueldad

Ñ. 21 de septiembre de 2011.
Por Margara Averbach

La novela El niño perro es uno de esos libros inclasificables que cuesta colocar dentro de cualquier grupo literario, y justamente por eso, es inolvidable. Tal vez lo más cercano en cuanto al tema, sea alguna de las novelas en las que Jack London explora el mundo de los perros y los lobos. Como Colmillo Blanco, la historia que cuenta Eva Hornung examina las relaciones entre humanos y animales y hace un retrato terrible de la crueldad humana. Como Antes de Adán de London, es una pregunta sobre la esencia de la humanidad.

Hornung administra con un cuidado extremo sus puntos de vista. Ese cuidado hace posible el libro. Aunque está inspirada en la realidad, es difícil hacer verosímil la historia de Romochka, el niño de cuatro años que vive con perros en Moscú. Hornung cuenta con una voz narradora en tercera persona que, en general, mantiene cerca del chico. Consigue una fábula negrísima pero absolutamente creíble y un espejo impiadoso y exacto de las sociedades del siglo XXI. Hay momentos en que hacen falta otras miradas más adultas y cercanas al lector y la autora las tiene. De esas, las dos más importantes son las de Dimitri y Natalia, los científicos que se cruzan con Romochka. Pero el chico sigue siendo el centro de todo y es él quien cierra el libro.

Durante casi toda la novela, el niño vive en un mundo donde lo humano está al margen y en ese período, lo que cuenta Hornung es la superposición de dos mundos: el de los vagabundos (tanto perros como personas) y el de la ciudad, que se ciega voluntariamente para negar la existencia de los que no le pertenecen: “la gente se desplazaba con ceguera ensayada por los espacios públicos”, dice la voz narradora ya que “los chicos vagabundos eran demasiado y resultaban harto abrumadores para soportar ser conscientes de su presencia”.

Esa convivencia entre dos universos que comparten el mismo espacio (las plazas, las veredas, el subterráneo) es un retrato de la sociedad esquizofrénica del siglo XXI. La conclusión es que hay más piedad y más cariño entre los perros que entre los humanos. Cuando ya hacia el final, Romochka se cruza con la ciencia, será sobre todo objeto de estudio para Dimitri, un objeto fascinante que promete gloria académica. Esa mirada fría termina cambiando, sí, pero hasta la última página hay algo de cálculo, de no entrega en los científicos. Es cierto que Romochka también es capaz de cálculo: es todo un estratega desde el principio pero su estrategia está aplicada a la defensa del grupo, su familia de perros. De todos modos, es el cálculo lo que parece unir al niño perro con los adultos “normales”. ¿Es ahí entonces donde radica la “humanidad”? El final de la novela es un golpe a la mandíbula, un estallido silencioso, narrado en un presente que lo hace todavía más portentoso. Hace falta releerlo varias veces para aceptarlo. Si se interpreta ese final como respuesta a la pregunta anterior, es imposible no seguir pensando durante horas en las consecuencias. Y se lea o no así el último acto de Romochka, lo cierto es que el libro nos muestra la oposición civilización versus barbarie, que fue tantas veces justificación de la masacre, la guerra, la conquista, y la muestra de la mejor manera posible: como quebrada y absurda.

No hay duda de que, como Vida de Pi, del escritor canadiense Yann Martel, El niño perro es una “experiencia”, en el sentido más profundo y brutal de la palabra. Hay pocos libros que, después de cerrados, se sientan de esa forma. Este es uno de ellos. Ese es el verdadero grupo literario en que hay que poner la novela de esta autora australiana.

***

EL NIÑO PERRO
EVA HORNUNG

Salamandra. 288 páginas

Categorías:Notas Etiquetas: , ,

Atrapa sueños

septiembre 28, 2011 Deja un comentario

María Negroni acaba de publicar dos libros. Uno de poemas llamado “Cantar la nada” y otro que funciona como diccionario fantástico titulado Pequeño mundo ilustrado y que según la autora es “descaradamente personal, arbitrario, monotemático.”

Diccionario nocturno y fantástico

ADN. 23 de septiembre de 2011.
Por Pedro B. Rey 

Hace años que María Negroni vive en Nueva York, donde enseña literatura latinoamericana en el Sarah Lawrence College. En el microcentro porteño conserva, sin embargo, un pequeño departamento que condensa una justicia poética doble. Por un lado, sus espacios diminutos, con algo de fábula infantil, hacen eco a su interés, reflejado en sus ensayos, por las formas y objetos de dimensiones mínimas. Por otro, el departamento fue propiedad de otro poeta. Al momento de escriturarlo, en los años noventa, la escritora descubrió que en él vivió buena parte de su vida Alberto Girri.

Negroni acaba de publicar un libro de poemas, “Cantar la nada” , y Pequeño mundo ilustrado, diccionario de pasiones e intereses personales en que los temas, diversos, van formando una suerte de red psicogeográfica. “Todo catálogo es una máquina para atrapar la realidad”, se lee en una de las entradas, y la realidad que surge de los textos breves que componen este volumen es fantasmal, pero también precisa. Bibliotecas, juguetes, muñecas mecánicas, dioramas y exposiciones universales coinciden en plano de igualdad con Casanova, E.T.A. Hoffmann, Freud (como coleccionista), el pintor Oskar Kokoschka, la película La noche del cazador o Clemente Onelli, histórico director del zoológico porteño. También, con naturalidad, Philip K. Dick y la banda alemana Kraftwerk.

-En su primera línea, Pequeño mundo ilustrado sostiene su condición autobiográfica. ¿En qué sentido puede ser definido como autobiográfico un libro que no contempla ninguna anécdota personal?

-Escribí esa frase con ánimo provocador. Pero, en cierto sentido, es verdad. Se trata de un libro descaradamente personal, arbitrario, monotemático, que no pide ningún permiso para armar un catálogo de obsesiones y afinidades. Y después, lo exhibe en una vitrina para que el lector lo espíe como si fuera una biblioteca secreta. En literatura, por lo demás, todo siempre es autobiográfico, empezando por la imaginación.

+Leer la nota completa

***

PEQUEÑO MUNDO ILUSTRADO
MARÍA NEGRONI

Caja Negra. 192 páginas.

Hebe Uhart: una de las mejores cuentistas argentinas

septiembre 26, 2011 Deja un comentario

ADN entrevistó a Hebe Uhart, considerada  una de las mejores cuentistas argentinas por muchos de sus colegas, entre ellos Fogwill y Piglia. La autora habla de literatura propia y ajena, de sus talleres y de cómo se inició en la escritura.

ADN. 23 de septiembre de 2011
Por Patricia Somoza

Hebe Uhart lleva casi cincuenta años escribiendo y diecisiete libros publicados. Fogwill la ha reconocido como la mejor cuentista argentina contemporánea; Piglia la ubica en la mejor tradición de la literatura argentina. Relatos reunidos , editado por Alfaguara, mereció el premio a la creación literaria 2010 y puso al alcance de la mano muchos de sus relatos inconseguibles. Descreída de los reconocimientos, Uhart sigue escribiendo cuentos y crónicas, dando talleres y formando a escritores.

En el noveno piso de un luminoso departamento de Almagro transcurre la entrevista y buena parte de la vida de Hebe Uhart. El edificio se alza sobre las casas bajas de la zona. “Me gusta el barrio”, dice Hebe. “Acá es tranquilo y estás cerca de todo. Y es mezclado.” Nos acercamos al balcón. “Mirá la vista que tengo.” Me llaman la atención las ventanas del edificio bajo de enfrente, nuevas, arregladas, parejas. “Son consultorios del Hospital Italiano”, me aclara. “Es como un pulpo.”

De la cocina trae café, ofrece agua, gaseosa. Le agradezco; insiste. Hebe es inquieta, está siempre alerta, fuma. Nos sentamos a la mesa donde varias veces por semana se sientan también sus alumnos de taller. Hay un viejo televisor y estantes con libros en desorden. Muchos escritores jóvenes se han sentado alrededor de esta mesa. “También tengo un taller en Moreno, de donde yo soy, que es gratuito. A la vuelta me pagan entre todos un remís. De ida voy en combi. Me gusta ir porque es mi pueblo. Lo doy en una parroquia”, aclara, jocosa. También da cursos fuera de la casa. “Así salgo un poco.” Acaba de terminar uno sobre escritores latinoamericanos, en Eterna Cadencia.

Como algunos personajes de sus relatos, Hebe es porfiada, obstinada. No se entrega fácilmente a las preguntas, no quiere complacer ni hacer concesiones. “Definirse uno es un poco difícil. No me pongas en aprietos. Te definen los demás”, responde, cuando me intereso por saber si ella se reconoce en la caracterización que alguna vez hizo de su querido Felisberto Hernández: un escritor de entrecasa, de la intimidad, alguien para querer.

Parece haber aprendido mucho de Felisberto. Se percibe en sus relatos. Esa bonhomía con sus personajes, su resistencia a juzgarlos y a definirlos con adjetivos, la preferencia por la comparación o la metáfora, la fidelidad al recuerdo. Le pregunto por las lecturas que marcaron su escritura.

-De Felisberto sí reconozco una influencia directa, pero de las otras lecturas no, son muy indirectas. Yo leí a los rusos, a los norteamericanos, a algunos europeos, pero no puedo saber qué lecturas marcaron mi escritura. Si leés a Dostoiesvski va a incidir en tu escritura pero de manera muy indirecta, porque es un ruso, porque es un novelista, porque es otro tono, otra tónica.

-¿Qué lecturas te interesaron? ¿A cuáles volvés?

-¿Los que vuelvo a leer? ¡Son tantos! Yo doy talleres todas las semanas, así que tengo que buscar autores distintos. Te puedo hablar de los latinoamericanos que estuve dando. Me interesa el sentido del humor de Alicia Steimberg e Isidoro Blaisten. Y los cuentos camperos del uruguayo Juan José Morosoli, muy bien hechos. Y Alejandro Zambra, el chileno. Entre los peruanos, vimos a dos mayores, Alfredo Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro, y a dos muy jóvenes que son muy buenos y me gustan mucho: Santiago Roncagliolo y Daniel Alarcón. Y también al colombiano Juan Gossaín, que es muy gracioso, con un humor muy de allá.

+Leer la nota completa

***

VIAJERA CRÓNICA
HEBE UHART

Adriana Hidalgo. 324 páginas

***

TURISTAS
HEBE UHART

Adriana Hidalgo. 162 páginas.

Categorías:Notas Etiquetas: , ,

4 preguntas a Esther Cross

septiembre 22, 2011 Deja un comentario

Esther Cross nació en Buenos Aires en el año 1961 y además de estudiar Letras es licenciada en Psicología. Escribió los libros Crónica de alados y aprendices, La inundación, La divina proporción y otros cuentos, El banquete de la araña, Radiana y Kavanagh. En el año 1988, y junto al escritor Félix Della Paolera, publicó Bioy Casares a la hora de escribir, una selección de entrevistas al gran escritor argentino. En co-autoría con a Angela Pradelli escribió La biblia, y junto a una decena de autores, entre ellos Ángeles Mastretta y Ana María Bovo, publicó Historias de guardarropas. La autora recibió importantes premios en el país y en el exterior.

¿Qué libros leíste últimamente? ¿Cuáles recomendarías a nuestros lectores? 

Últimamente leí libros muy distintos. Leí “Galletitas importadas”, de Cristian Godoy, que me gustó mucho, tiene cuentos buenísimos. Leí las cartas de William Goyen. En esas cartas se ve al escritor  preocupado, y después resentido, porque cree que no lo reconocen;  se ven las preguntas que se hacía al escribir, sus obsesiones –las inconducentes y las buenas-, su relación con otros escritores. Leí “El mensajero”, la novela de L.P. Hartley –uno de esos libros que hace tiempo que quería leer y tendría que haber leído antes.  También releí las dos novelas de Flannery O´Connor, que salieron reeditadas por Lumen. Los recomiendo a todos.

Si tuvieras que elegir 5 libros o autores que te hayan marcado en tu vida personal y profesional, ¿cuáles serían?

Puedo nombrar autores que leí hace muchísimo y desencadenaron series de lecturas, me fueron llevando, por asociación, a otros libros, hasta formar una biblioteca de referencia,  que me rodea cuando escribo.  Son autores que no tienen mucho que ver entre sí.  Virginia Woolf,  Roberto Arlt, Bioy Casares, Dostievski, Kafka.  De ahí, por parecido o contraste, derivé a otros autores, también muy distintos, que influyeron en mi vida personal y profesional.

Creés que tiene sentido la discusión acerca de la validez artística de los best-sellers?

No. Prefiero hablar de libros y escritores. Hay mucho para pensar y preguntarse sobre la escritura,  qué es leer, para qué se escribe.  Hay mucho para escribir y leer y hay poco tiempo y la vida pasa muy rápido. Lo que menos me importa cuando leo un libro es si se vende o no.  No entiendo por qué se venden tanto algunos libros, no entiendo por qué otros se venden tan poco. Me cuesta relacionar el valor de un libro con su éxito de ventas, hasta dentro de una discusión.

Cuando escribís, ¿disfrutás, sufrís, o un poco de ambas sensaciones?

Disfruto, en general, o por decirlo mejor: estoy en mi canal. La paso mal, justamente, cuando me siento a escribir. Cuando no escribo, entonces. Pero ¿sufrir?  Sé que hay escritores que sufren cuando escriben pero a mí nunca me pasó y no conozco personalmente a ninguno. Hay momentos más duros, claro. Hay etapas hostiles. La palabra “sufrir” dispara unos cuantos recuerdos, pero en ninguno estoy escribiendo.   Me acuerdo de cuando salió el libro de entrevistas que le hicimos a Bioy Casares con Grillo della Paolera.  Se llamaba “Bioy Casares a la hora de escribir”.  Tenía una foto de Bioy en la tapa, medio sonriente. Al mismo tiempo salió un libro de entrevistas a Sábato.  Se llamaba “Entre la letra y la sangre”.  Son dos títulos tan distintos, dicen tanto. Y ahora pienso lo mismo que cuando salieron esos dos libros. Entiendo que existan las dos ideas sobre la escritura pero tengo más que ver con la primera.

***

EL BANQUETE DE LA ARAÑA
ESTHER CROSS

Tusquets

***

KAVANAGH
ESTHER CROSS

Tusquets