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Archive for 29 noviembre 2011

Resiliencia pura, o cómo convertir el miedo en Literatura

noviembre 29, 2011 Deja un comentario

Mario Vargas Llosa y Herta Müller: del temor compartido al Nobel.
Ñ. 28 de noviembre de 2011.

Los dos escritores, premios Nobel 2009 y 2010, reunidos por la Feria del Libro de Guadalajara, reivindicaron el poder de la literatura para resistir a las dictaduras.

Uno supo del miedo a los once, cuando conoció a su padre, que “ejercía el autoritarismo con violencia”. Cuando escuchaba que se acercaba el “carro” del autor de sus días, corría a meterse en la cama aun vestido, para evitar humillaciones y palizas.

La otra lo conoció siempre al miedo: nació en 1953, en Rumania, y no solo la familia –papá oficial de las SS, mamá cinco años deportada en un campo de trabajo soviético–, el país entero vivía bajo un sistema totalitario. Conmovidos aun hoy, a los 58 años de ella y a los 75 de él, contaron cosas como estas los Premios Nobel de Literatura Herta Müller (2009) y Mario Vargas Llosa (2010) ayer en la Feria del Libro de Guadalajara (Fil), que se da y le da a su público lujos como este, juntar a dos bestias de la literatura contemporánea en una sala con 1.500 personas. Del miedo, la soledad y el dolor de esas infancias a los dos los salvaron los libros. Los chicos se hicieron escritores y la mayor parte de su obra gira en torno al poder. Muller se mostró como una mujer con pocas certezas, introvertida y atravesada por el dolor: más que salvada, parece sostenida por su escritura. Y a Vargas Llosa se lo escucha armado de literatura, poderoso.

Ante la primera pregunta del moderador, el periodista y escritor Juan Cruz Ruiz –jurado del Premio Clarín de Novela–, se empezaron a ver las diferencias. Eso de ser interpelada por medios y público, a Muller no le va. “No me gusta”, dijo, y explicó: un autor, de su obra, sabe lo que escribió. Para saber más están los críticos. El peruano, en cambio, estaba exultante, agradeciendo la oportunidad de estar en esta Fil, donde miles –se quedó corto, en la edición pasada fueron más de 600 mil– se juntan por la literatura, que nos hace “mejores”, “más críticos”, “más libres”, “nos ayuda a pensar y a expresar lo que pensamos con más precisión y matices”. Y “gozamos” y “somos felices” leyendo.

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Feria del Libro de Guadalajara 2011, con declaraciones picantes.

noviembre 29, 2011 Deja un comentario

Vallejo golpeó en Guadalajara, “la tierra donde los muertos hablan”.
Ñ. 28 de noviembre de 2011.

Por Gabriela Cabezón Cámara

Con un premio al escritor colombiano, abrió una de las principales ferias del libro de Iberoamérica. La potente FIL, como se la conoce, hoy hace de la cultura una forma de resistencia.
FIEL A SI MISMO. VALLEJO AYER, DANDO EL POTENTE DISCURSO CON EL QUE AGRADECIO EL PREMIO FIL DE LITERATURA.“Estoy feliz de haber vuelto a Jalisco, la tierra de Rulfo, donde los muertos hablan”, fue la frase que picó más –y hay que decir fuerte para picar acá, en el país de los mil chiles– de las que eligió Fernando Vallejo para agradecer que le entregaron el Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances, acto con el que terminó la apertura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (Fil), una de las más importante del mundo de habla hispana.
“Los muertos hablan”, dijo Vallejo, y se escuchó como un desafío: no se refería sólo a la novela del genio de Juan Rulfo, Pedro Páramo, donde efectivamente los que hablan son los difuntos. En el auditorio –que estaba hasta el techo de escritores, editores, periodistas, agentes literarios y autoridades de varios países– los muertos que mencionó no se interpretaron como personajes literarios: hablaba de otros cadáveres, miles de cadáveres, unos 40 mil desde que comenzó la guerra con el narco, en 2006, según se calcula en base a cifras oficiales y estimaciones privadas, incluidos los 26 que se encontraron en tres camionetas en esta ciudad del jueves pasado.
Sobre esto, las seis personas que hablaron antes que él, no dijeron nada o hicieron apenas alusiones leves, como proponer a la Fil como un acto de resistencia: a eso se refirió Jorge Volpi, presidente del jurado que premió a Vallejo, cuando definió a este evento cultural enorme como una manera de construir paz y de oponerse a la violencia.Y eso es la Feria: 17 mil profesionales, 500 escritores, música, gente que anda por los pasillo y las expectativas abiertas, como las buganvillas de las calles.

El arte de vender libros.

noviembre 25, 2011 Deja un comentario
Con los libreros
Elpais.com. 23 de noviembre de 2011
Por Manuel Rodriguez Rivero 

Hasta hace poco un mundo sin librerías era algo inimaginable. Existen al menos desde que las tabletas de arcilla comenzaron a utilizarse para comunicar algo más que meros asientos de mercancías en los almacenes de los palacios de Mesopotamia. Marcial se refiere en alguno de sus epigramas a la lista —el catálogo— que los bibliópolas romanos colgaban a la entrada de sus tabernae librariae y en la que se consignaban las obras en existencia junto con sus precios y el nombre de sus autores. La revolución de la imprenta multiplicó los libros disponibles y satisfizo una demanda que había aumentado al amparo de los grandes debates religiosos de los siglos XV y XVI. A medida que crecía el comercio del libro, se iba produciendo una división del trabajo que, en sus líneas generales, ha permanecido hasta hoy: la figura del impresor-orquesta que hacía de todo (imprimir, editar, vender) dio paso a nuevos oficios especializados a lo largo de un proceso que se fijaría a principios del siglo XIX, con el librero como último intermediario entre el autor y el lector.

Por todo ello, por su pasado y por su presente, les debemos nuestro homenaje.

Hoy las cosas no son tan sencillas. La irrupción anárquica y desregularizada de lo digital (con la secuela de la piratería), la inexistencia de un marco estable y de fácil acceso a la oferta electrónica, y la incertidumbre que provoca el aterrizaje de gigantescos hipermercados globalizados en los que el libro es solo un producto más y que podrían presionar para modificar el statu quo jurídico que regula su venta, han venido a sumarse a problemas que se arrastran de más lejos y que la persistente crisis iniciada en 2008 no ha hecho más que agravar. Las librerías españolas tienen que vérselas con una monstruosa e inabarcable oferta (80.000 libros en 2010), la gestión y devolución de los invendidos (¡en torno al 34 %!), el espectacular descenso de las ventas institucionales y de los libros de texto, la concentración de las ventas en pocos títulos, y una evidente retracción del consumo que en 2010 se cifraba en un 7% y que este año se anuncia mayor: las ventas de los últimos meses no han sido precisamente para echar las campanas al vuelo, a pesar de la publicación de algunos best sellers que prometían más de lo que han dado (puede consultarse la lista de los más vendidos en todostuslibros.com, la cada vez más completa página informativa de los libreros).

La CEGAL, que es el organismo que agrupa a las asociaciones de libreros, ha decidido convocar el próximo viernes una jornada de celebración de la librería, con los establecimientos abiertos más tiempo y una variada oferta de actividades relacionadas con los libros y quienes los escriben. Se pretende que el Día de las Librerías marque a partir de este año el disparo de salida de las compras navideñas —una especie de Black Friday para lo escrito— , recordando a los consumidores que un buen libro es, además, un buen regalo. Pero también sería muy conveniente que los lectores lo convirtieran en un masivo homenaje a sus libreros, especialmente a los que podríamos llamar “de proximidad”, aquellos en los que confían y que, a lo largo del tiempo, han llegado a conocer sus gustos y los tienen en cuenta a la hora de recomendar novedades. Se lo merecen: la mayoría de los libreros que he conocido son vocacionales, gentes cuyo amor a los libros comenzó muy temprano y con tanta intensidad que un día pensaron que compartirlo con otros podría ser una buena forma de ganarse la vida. El librero no solo vende papel impreso (y, quizá virtual), sino también conocimiento, empezando por el que le confiere su experiencia en el oficio. Pero, sobre todo, vende sueños, muchos y muy variados sueños. Por todo ello, por su pasado y por su presente, les debemos nuestro homenaje.

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Pacatería con sello inglés – un premio que atrasa cien años

noviembre 24, 2011 Deja un comentario

Como si se tratara de la embajadora de la moral literaria (que parece haberse quedado en el tiempo) la revista inglesa Literary Review eligió a los doce finalistas para su “Premio Mal Gusto 2011”. Entre los ganadores/perdedores se encuentran Stephen King y Murakami. No es casual que la ceremonia de entrega de premios se realice en el Club Naval y Militar de Londres en Piccadilly.

Eligen la peor escena de sexo de la literatura de este año.

Revista Ñ. 24 de noviembre de 2011.
Por Stephen Bates

Lo primero que se desprende de las nominaciones para los premios de mal sexo literario de este año –que elige la Literary Review– es lo fecunda que puede ser la imaginación de los escritores. Si hicieron la mitad de las cosas que atribuyen a sus personajes, lo más probable es que tengan los anteojos empañados.

Hay lenguas ágiles, habitaciones que empiezan a sacudirse, cavernas húmedas y cálidas, descargas volcánicas, carne húmeda, ciénagas insondables de peces muertos y lirios amarillos en flor y sótanos llenos de vinos y licores que despiden oleadas de tenues aromas. Y eso antes de llegar a masajear, amasar, estirar, frotar, pellizcar, golpetear, rozar, lamer, besar y dar mordisquitos, todo lo que llega a ocurrir en una sola oración gracias al escritor David Guterson.

Los premios, que ya llevan 19 años, tienen ahora una lista de 12 autores finalistas, entre los que saldrá un ganador el 6 de diciembre. Entre ellos figuran los escritores más distinguidos –o, por lo menos, más vendidos– del mundo. Provienen de Gran Bretaña, Estados Unidos, Hungría, Japón y Australia.

Uno es el monarca del horror, Stephen King, que probablemente no se dio cuenta, al escribir su nueva novela 11.22.63 (que saldrá en la Argentina en mayo) que había usado un verbo difícil: “se inclinó hacia atrás y la cabeza chocó (bonked ) contra la puerta”, puso. Y bonking tiene un significado procaz en el Reino Unido.

Haruki Murakami, autor de la trilogía 1Q84 , también podría haberlo pensado mejor antes de llamar a uno de sus personajes femeninos Fukaeri (con una pronunciación muy parecida a “ fuckery ” que en inglés tiene varias acepciones, entre otras “prostíbulo”, “relaciones sexuales”, “mierda”, etcétera).

The Literary Review, una reconocida publicación literaria fundamentó su premio: “El objetivo es llamar la atención sobre el uso crudo, falto de gusto y con frecuencia descuidado de pasajes redundantes de descripción sexual en la novela moderna y desalentarlo”.

Solamente dos de los novelistas en la lista son mujeres: Jean Auel, la autora de 75 años de la colección prehistórica Earth’s Children y Dori Ostermiller, una escritora nacida en Los Angeles.

La más chocante es probablemente la descripción de Christos Tsiolkas, el escritor australiano, en su novela Dead Europe , que no es apropiada para el desayuno de un lector de diarios; y la más sucinta es, sin duda, la de Chris Adrian en The Great Night ambientada en San Francisco: “Entonces cogieron con ganas, que era lo más lógico”.

Entre los ganadores de años anteriores figuran celebridades como Tom Wolfe y Norman Mailer. El año pasado ganó el inglés Rowan Somerville, por escenas de su libro La forma de ella . Ahora, Somerville escribió una nota contando cuáles son sus escenas de sexo preferidas. Allí eligió, entre otras, escenas de Plataforma (Michel Houellebecq); de Drácula (Bram Stoker); de El amante de Lady Chatterley (D.H. Lawrence); de Historia del ojo , (George Battaile) y de Lolita, la clásica historia de Vladimir Nabokov.

La ceremonia de entrega de premios será en el Club Naval y Militar de Londres en Piccadilly, conocido muy apropiadamente como In and Out (adentro y afuera).

Cartas, Mazanas y Rock ‘n Roll

noviembre 24, 2011 Deja un comentario

En esta nota de Ñ, apuntes sobre el segundo volumen de Las cartas completas de Samuel Beckett (inédito en español),  él exito de ventas de la Biografía de Steve Jobs, y la autobiografía de la estrella de rock Patti Smith. Al final, una anécdota con César Aira y taxista.

Flora y Fauna

Revista Ñ. 21 de noviembre de 2011
Por Andrés Hax

Se va cerrando el año y se van armando las listas. Mi voto por el mejor libro de 2011 es para el segundo volumen de las cartas completas de Samuel Beckett, publicadas por la universidad de Cambridge. Cubren los años 1941-1956; o sea, entre los 35 y 50 años del delgado, sufriente y siempre bien vestido irlandés. Lamentablemente aún no está traducido al castellano, pero este es uno de esos libros que un fanático de Beckett va a conseguir, por más que tenga que comer arroz por un mes entero. O dos. Y no se va arrepentir. El primer volumen de las cartas cubrió los años 1929-1940 y fue recibido por la crítica (y también por escritores como Seamus Heaney, J. M. Coetzee y John Banville) con asombro y alegría desbordada. El dramaturgo Tom Stoppard comentó, tras el anuncio de que se editarían cuatro volúmenes, cubriendo la correspondencia de Beckett hasta su muerte en 1989: “Sólo espero poder vivir hasta la última entrega”. Pero si hay que elegir sólo uno de los tomos es este, el segundo. ¿Por qué? Porque pesca al escritor en el umbral de la fama. En las casi mil páginas de cartas podemos presenciar la transformación de Beckett, de un autor anónimo a uno que, por su obra de teatro Esperando a Godot, obtiene reconocimiento mundial. Las cartas regalan frases increíbles para subrayar o copiar y poner en el panel de corcho sobre el escritorio. Por ejemplo, el 11/8/48 le escribe a Georges Duthuit: “Sabes, realmente no tengo el menor deseo de ser liberado ni ayudado por el arte ni ninguna otra cosa”. Más adelante dice: “Ya sé lo que va a cerrarse y abrirse dentro de mí pero sin ver nada, ya no hay nada más por ver”. Son epístolas que documentan el don de Beckett para la amistad; muestran su humor escatológico y su sincera humildad como artista. Pero el tema que los une es la consolidación de su vocación como escritor. En 18/3/48, cuando vivía con unas pocas monedas que ganaba haciendo traducciones, Beckett le escribió a su íntimo amigo Thomas MacGreevy: “Tengo un gran deseo de seguir para delante con mi trabajo, pero en el momento no puedo acercarme a ello. Por fin veo con claridad de qué se trata mi escritura y siento que tengo 10 años de coraje y energía para terminar el trabajo. La sensación de conseguir perspectiva sobre uno mismo, después de tantos años de estar ciego, es rara. Tal vez sólo sea una ilusión.”

De cómo nace un artista

En estos días aún se encuentra en las librerías de Buenos Aires (¡es que duran tan poco los libros en las librerías!) un tomo muy entretenido y no tan bueno, y otro muy, muy entretenido y muy, muy bueno. Recomiendo leerlos juntos. Estoy hablando de la biografía de Steve Jobs y el libro autobiográfico de Patti Smith, en el que ella cuenta su nacimiento como artista en la ciudad de Nueva York a fines de los años 60 y principio de los 70, junto a su compañero del alma, Robert Mapplethorpe (es el cuento del nacimiento artístico de Mapplethorpe, también). Para los propósitos de este ejercicio sólo basta con leer los primeros ocho capítulos de la biografía de Jobs. (El libro de Smith –Eramos unos niños– lo van a devorar completo y de un tirón). Propongo esta lectura de “vidas paralelas” como una meditación sobre la juventud. Si todavía –estimado lector– eres realmente joven (digamos menos de 23 años) imagino que estas lecturas pueden, acaso, cambiar el curso de tu vida. Es que tanto Patti Smith, como Robert Mapplethorpe y Steve Jobs hicieron lo que quisieron con sus vidas, con su juventud. Pero lejos de ser un ejemplo liviano de autoayuda, lo que muestran sus biografías es que es muy, muy difícil perseguir los sueños y luchar de frente con los propios demonios. Pasaron hambre, fueron rechazados reiteradamente por gente que los tomaba por despistados, tuvieron falsos arranques… En síntesis, improvisaron, en vivo y sin red. Les salió bien, pero pudo haberles salido mal. Los ayudó la suerte, pero persiguieron la suerte con sacrificio, fe obstinada en sus visiones y un don para agarrar con salvaje tenacidad las pocas oportunidades doradas que se les presentaron. Para una persona más grande que vivió una vida conformista (aunque sea parcialmente) estas lecturas –si se hacen con alma abierta– pueden ser devastadoras. Sólo se puede esperar que nunca sea tarde para reinventarse. Aunque eso sí suena a autoayuda.

Aira, tips de escritura a bordo de un taxi

Viajo desde la Feria del Libro de Santiago de Chile hasta el aeropuerto. Es domingo por la tarde. Quedé medio ofendido con César Aira porque no me dio una nota. El chofer empieza una conversación. Es un tipo genial. Me cuenta que había traído a Aira desde el aeropuerto a su hotel hace unos días. “¿Y él fue amable?”, le pregunto pensando en cómo Aira me dio la espalda. “¡Sí!”, confirma el señor, de nombre Benjamín Arce: “Yo escribo, entonces le pregunté cómo hacía él para escribir.” “¿Qué le dijo?”, pregunté. “Que era difícil y que uno se tenía que concentrar mucho.” Está bien, Aira. ¿Qué más se puede decir?

La noche de las librerías en Belgrano

noviembre 23, 2011 Deja un comentario

Este sábado nos sumamos a la Noche de las Librerías y abrimos hasta tarde.

A las 20hs vamos a tener como invitada especial a Marcela Villavella, quien leerá fragmentos de su libro “Los pacientes de Ana” y firmará ejemplares. También estarán leyendo su obra los escritores Marina Arias y Juan José Burzi. Además habrá sorpresas varias.

Los esperamos a las 20hs en Maure 1786!

Lo bueno si breve dos veces bueno

noviembre 21, 2011 Deja un comentario

En su nuevo libro Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco Alicia Genovese analiza de manera minuciosa el arte de la poesía y describe lo “inactual” del discurso poético, siempre ligado a la sorpresa, la novedad y el misticismo.

Radar Libros. 20 de noviembre de 2011
La fascinación permanente
Por Juan Pablo Bertazza

La poesía es una de las expresiones artísticas más antiguas de la historia de la humanidad. Plagada de citas, referencias y reflexiones a cargo de figuras de toda época y de todo ámbito, en una gama ciertamente inabarcable que va desde Platón –quien pedía expulsar a los poetas de su República– hasta Julia Kristeva –destacada psicoanalista que, al visitar por primera vez nuestro país, recordó en una de sus conferencias aquel texto capital de su obra, “El sujeto en cuestión”, en el cual relacionaba las ecolalias con el lenguaje de ciertos poetas de vanguardia y también con el de los piscóticos–. A pesar de todo esto, cada vez que un lector se topa con un poema sufre, al menos por un instante, cierto azoramiento, una sensación de no haber estado nunca ahí.

Esa es la inquietud básica que tomó Alicia Genovese al enhebrar Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco, un conjunto de ensayos y aproximaciones (algunos de los cuales habían sido publicados de manera dispersa en distintas publicaciones como Hispamérica y Revista Iberoamericana) en torno a la poesía y su relación con la percepción, la modernidad, la utilidad dentro del contexto de la comunicación, el verso libre, la producción y la lectura.

A propósito, si comparamos el extenso corpus disponible destinado a alivianar el trabajo de los lectores de poesía con el género del autoconocimiento (un tema bastante ligado a la poesía), hay que decir que este libro no trae las soluciones mágicas que prometen los libros de autoayuda, es decir, no cambia de una vez para siempre la lectura ni asegura una vía de acceso determinada. Pero sí garantiza un puñado más que interesante de interrogantes sobre el tema. En ese sentido, esta es una obra seria, académica casi pero nunca aburrida que incluso, por momentos, incorpora también una forma poética de aproximarse a la poesía, como cuando Genovese se refiere al traspaso no tan radical desde las métricas clásicas hacia el verso libre: “En relación con los movimientos del verso libre, el poeta es más un surfista que un arquitecto, está más pendiente de lo azaroso, de una circunstancia de desequilibrio inestable que de un encofrado con límites precisos”.

El título de este libro que también proviene de larga data, es decir, de la diferencia entre el coro lírico y el coro trágico, alimenta el –quizás– ensayo central dedicado a la obra de Susana Thénon. La convivencia entre un componente leve, ligero, casi superficial por el cual fluye el texto y otro componente grave, terrestre y pesado que asegura cierta intensidad, sin que ninguno de los dos sea superado por el otro. Con esa idea base, Genovese lee también la oscuridad en Alejandra Pizarnik, estableciendo importantes comparaciones entre algunos de sus poemas más emblemáticos y determinadas entradas de su diario personal, la influencia de la pintura china en la obra de Hugo Padeletti, el vínculo entre fotografía y poesía, a partir de la ironía como una forma de implementar el zoom out, una forma de alejar el objeto y sacarlo del primer plano.

El último de los ensayos, acaso el menos novedoso, teniendo en cuenta que no incluye la producción más reciente y termina anclado en los años noventa, ofrece lineamientos generales sobre la poesía actual, una poesía que busca quebrar la idea de subjetividad absoluta, especialmente a partir de dos antologías capitales: Poesía en la fisura (1995) de Daniel Freidenberg y Monstruos (2001) de Arturo Carrera.

Lo leve y lo grave que, en definitiva, atraviesa el corpus que elige Genovese acaso tenga que ver con aquella contradicción que servía de motor a este libro, aquella idea según la cual, a pesar de ser un arte tan antiguo, la poesía siempre aparece vinculada a la sorpresa, a la novedad y, acaso en el primer instante de lectura, a lo inefable.

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Alicia Genovese. Leer poesía.

Ed. Fondo de Cultura Económica. 165 páginas.

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