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Archive for 28 diciembre 2011

Sorteando obstáculos en el Mundo de la Magia

diciembre 28, 2011 Deja un comentario

Una fantasía exuberante
ADN. 23 de diciembre de 2011
Por Felipe Fernández

Una cita con la novela

diciembre 28, 2011 1 comentario

Ñ. 26 de diciebre de 2011.
Por Ivanna Soto

Carolina Aguirre: “La escritura online se parece más a la cinematográfica que a la literaria”

Luego del éxito de Ciega a Citas, esta bloguera, guionista y escritora presenta su primera novela: El efecto Noemí. “Me gusta que mis personajes nunca aprendan nada”, dijo.

Carolina Aguirre nunca sospechó que hace 20 años, las ganas de recibir un mono como regalo de cumpleaños iban a llevarla a hacer lo que más le gusta en la vida: escribir. Pero no porque alguna vez haya escrito sobre monos, sino porque su propio autodescubrimiento como “ser anormal” (la mayoría de las nenas de siete años piden Barbies, no monos), la llevó a una tipificación casi compulsiva de las mujeres marginales. Así nació Bestiaria -su primer blog-, una versión online de los bestiarios medievales que compendia a criaturas femeninas de distinta índole, y que luego se tradujo en su primer libro homónimo. Ahora, Aguirre, que saltó a la fama a través de su doppelgänger Lucía González a partir de su blogonovela ficcionada Ciega a citas -que fue de la Web al libro, y de ahí a la TV-, presenta su primera novela: El efecto Noemí.

Como dirá más adelante, su escritura es fruto de su formación como guionista. “Si yo hoy no escribiera ningún guión más, igual seguiría siendo guionista”, afirma. Así, con ayuda de las escaletas, escribió una novela fiel a su estilo, pese a que en esta historia el protagonista es un hombre. Boris, de 59 años, que después de 30 de casado deja a su esposa Noemí porque ya no la aguanta más. Pero no sólo eso. La deja para tener la vida que siempre quiso: sexo sin compromiso, salidas, novias, filos, prostitutas, amigos, cigarrillo ilimitado, exceso de grasa y ausencia de horarios. Pero cuando la deja se da cuenta de que no es tan fácil, porque desde que se va de su casa, no puede volver a dormir. Y dormir, entonces, vale más que todos los placeres del mundo.

En el mismo bar donde escribe la mayoría de sus relatos para alejarse de los ruidos hogareños, Carolina Aguirre charló con Ñ digital sobre su nueva novela, la primera que escribe sin el feedback diario de sus lectores.

-En “El efecto Noemí” describís el mundo de un personaje masculino. ¿Por qué tomaste a un hombre como protagonista después de venir de relatos protagonizados por mujeres?
-Tomé la decisión de contarlo como un hombre porque era más eficaz para la historia. Me parecía más interesante si el relato se enfocaba desde el punto de vista del que dejaba, del que se iba, del que tenía las fantasías; pero si hubiese sido más interesante contarlo desde el punto de vista de ella, lo hubiese hecho.

+Leer la nota completa

***

El efecto Noemí. Carolina Aguirre.


Aguilar. 248 páginas.

Libros fetiche

diciembre 27, 2011 Deja un comentario

El libro junto al calefón

Ñ. 23 de diciembre de 2011.
Por Ezequiel Martinez

Un futuro auspicioso para lectores fetichistas. El fetichismo puede ser la clave en la pugna entre el uso centenario de un objeto perfecto y ese futuro imperfecto que propone la lectura en pantalla.

En una de sus últimas columnas en Babelia, Manuel Rodríguez Rivero comentaba que “quizás el título que más caja haga durante esta temporada navideña no sea precisamente ninguno de los que figuran en las listas de los más vendidos, sino el soporte en que pueden leerse todos ellos”. Se refería, claro está, al libro electrónico.

¿Será así? Lo más curioso y paradójico es que el adminículo en cuestión no se consigue en las librerías, sino en las casas de electrodomésticos, junto con heladeras, planchas y calefones. No se me ocurren semejanzas para esta especie de encuentro en una casa equivocada. Mientras tanto, la tradición no se rinde. “Para que el libro impreso resista el desafío del libro electrónico, debe tener un aspecto que incite a comprarlo y conservarlo”, dijo Julian Barnes al recibir el Man Booker Prize de este año por su novela The sense of an ending. El fetichismo puede ser la clave en la pugna entre el uso centenario de un objeto perfecto y ese futuro imperfecto que propone la lectura en pantalla. Según coincide Julie Bosman en un artículo que escribió para The New York Times, el secreto es hacer libros impresos que además de su contenido se destaquen por “la belleza y el placer de su posesión, no sólo de su lectura. La estrategia es aumentar el valor de los libros impresos y crear un mercado saludable y diverso que comprenda librerías tradicionales y no esté dominado por Amazon y los libros electrónicos”.

Qué habrá pensado de todo esto George Whitman, el fundador de la legendaria Shakespeare & Co, ubicada desde 1951 justo frente a la catedral de Notre Dame. Pocas librerías en el mundo conservan ese olor a libro viejo, ese horizonte de anaqueles vencidos, ese caos de volúmenes infinitos. Whitman murió esta semana a los 98 años y fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, allí donde también están las tumbas de Marcel Proust, Oscar Wilde, Molière, Honoré de Balzac o Guillaume Apollinaire. Digna compañía para un librero que jamás necesitó leerlos con baterías.

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Confesiones de un sueco suelto en Mozambique

diciembre 27, 2011 Deja un comentario

Ñ. 26 de diciembre de 2011.

Henning Mankell: “Hablamos sin parar y nos da miedo el silencio”

El escritor sueco, famoso por ser el autor de serie Wallander, escribe sobre su aprendizaje en el continente africano, en Mozambique, su segundo hogar desde hace 25 años.

Por Henning Mankell

Fui a África con un solo propósito: quería ver el mundo más allá de la perspectiva egocéntrica europea . Podría haber elegido Asia o América del Sur. Terminé en África porque el pasaje de avión era más barato. Fui y me quedé. Hace casi veinticinco años que voy y vengo de Mozambique. El tiempo fue pasando y ya no soy joven. En realidad, me acerco a la vejez. Pero mis razones para llevar esta existencia con un pie en las arenas africanas y el otro en la nieve europea, en la melancólica región sueca de Norrland donde crecí, se relacionan con querer ver con claridad, con entender.

La forma más simple de explicar lo que aprendí de la vida en África es mediante una parábola sobre por qué los seres humanos tienen dos orejas pero sólo una lengua. Para que tengamos que escuchar el doble de lo que hablamos.

En África, escuchar es un principio rector. Se trata de un principio que se ha perdido en el constante parloteo del mundo occidental, donde nadie tiene tiempo ni ganas de escuchar a los demás . He notado, por ejemplo, que ahora tengo que contestar una pregunta en una entrevista televisiva mucho más rápido que hace diez y hasta cinco años.

Es como si hubiéramos perdido por completo la capacidad de escuchar.

Hablamos sin parar y nos da miedo el silencio, el refugio de quienes no encuentran una respuesta.

En el continente africano se escriben y cuentan historias por todas partes. Es probable que pronto la literatura africana pase a un primer plano en el mundo, tal como lo hizo la literatura sudamericana hace años, cuando Gabriel García Márquez y otros encabezaron una tumultuosa revuelta contra las verdades establecidas.

Si somos capaces de escuchar, vamos a descubrir que muchos relatos africanos tienen una estructura por completo diferente a aquella a la que estamos habituados. Estoy simplificando, por supuesto. Pero todo el mundo sabe que es cierto lo que digo. En lugar de una narrativa lineal, en África hay una narración exuberante que va y viene en el tiempo y fusiona pasado y presente. Se dice que los nómades que aún habitan el desierto de Kalahari se cuentan historias unos a otros en sus diarios recorridos en busca de raíces comestibles y animales que cazar. A menudo narran más de una historia al mismo tiempo. A veces hay tres o cuatro relatos paralelos.

Pero antes de volver al lugar donde pasarán la noche, logran entrelazar las historias o separarlas para siempre y dar a cada una su propio final.

Lo que nos diferencia de los animales es el hecho de que podemos escuchar los sueños, miedos, penas, deseos y frustraciones de otras personas, y que éstas, a su vez, pueden escuchar los nuestros.

Mucha gente comete el error de confundir información con conocimiento. No son lo mismo. El conocimiento comprende la interpretación de la información. El conocimiento supone escuchar.

Si estoy en lo cierto, entonces, en que somos criaturas que cuentan historias, si nos permitimos quedarnos un rato en silencio cada tanto, la narración eterna continuará.

¿Quién sabe? Tal vez ahí afuera haya alguien dispuesto a escuchar

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ADN y un balance literario del año que se va

diciembre 20, 2011 Deja un comentario
ADN hace un balance literario del 2011, incluyendo los mejores títulos, los autores que se fueron, los que ganaron premios, los festivales, algunos entredichos y más. Además, ocho escritores eligen sus tres libros favoritos del año.
Los libros del año
ADN. 16 de diciembre de 2011.
Por Pedro B. Rey

Por mucho que lo regulen los astros, un año no deja de ser una convención. En realidad, debajo de esa superficial corteza de tiempo transita una corriente que tarda en revelar sus mejores secretos. La literatura (que siendo justos incluye cualquier libro de valor, pertenezca al género que pertenezca) sabe de esa cualidad retardataria. Una obra que había pasado inadvertida puede ser considerada, años después, fundamental; una de impacto indiscutible puede pasar al anonimato; y otras -ahí están los balances del pasado para probarlo o refutarlo- pueden continuar siendo leídas de maneras inevitablemente nuevas.

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El patólogo Quirke vuelve al ruedo

diciembre 16, 2011 Deja un comentario

Dublineses noir
Radar. 11 de diciembre de 2011.
Por Rodrigo Fresán.

Una nueva entrega, quizás la mejor, de la serie del patólogo Quirke, quien investiga casos criminales en la Dublín de los años ’50. Y, como se sabe, quien está detrás de todo esto es Benjamin Black, quien es nada menos que John Banville.

A esta altura de la cuestión los lectores de policiales ya saben por qué siguen los desventurados casos del alguna vez dickensiano huérfano adoptado por ricos y luego patólogo Garret Quirke. Y motivos hay muchos: un protagonista sólido, melancólico, querible, desbordando culpas y rodeado ya de un cast de magníficos secundarios habituales; la tan exquisita como opresiva recreación de la Dublín de los años ‘50; y el descanso de una época donde todavía los asesinos en serie no se reproducen como conejos o la híper actividad forense casi sci-fi de C.S.I. ha suplantado a toda deducción unplugged.

Y, por último pero no en último lugar, la magnífica y elegante prosa del alias Benjamin Black quien –por más que su responsable no deje de considerarlo su “gemelo idiota”– es, también, la de John Banville (Wexford, Irlanda, 1945), sin dudas uno de los más grandes escritores en activo en su idioma.

En busca de April luego de El secreto de Christine y El otro nombre de Laura –acaba de aparecer en inglés una cuarta entrega, A Death in Summer; mientras que El lémur juega a solas por haber sido pensado como folletín por entregas, contemporáneo, sin Quirke– vuelve a hacernos oír una nueva variación sobre un aria ya reconocible y cuyas revelaciones, no por ya oídas, resultan menos gratificantes. “Secretos y mentiras” bien podría ser el título de la partitura y de una melodía que se potencia a medida que se vuelve una y otra vez allí y que hace de En busca de April tal vez la más lograda y mejor balanceada de las investigaciones de Quirke quien, el próximo año, llegará a la TV cortesía de la BBC.

Y lo de antes: no se lee a Black/ Banville por la intriga de sus misterios (que la tienen, siempre a pocos pasos de la tragedia y el drama) sino por su atmósfera y resonancias. Y por el talento del autor para revisitar transitados lugares comunes del género renovándolos y enalteciéndolos servidos hasta el borde del vaso en la poco común existencia del más patológico de los patólogos.

A saber: Quirke deja de beber sólo para poder volver a empezar (a beber) y, mientras tanto, se compra un automóvil y aprende a conducirlo en un día; su hija Phoebe es una romántica incurable especialista en meterse en problemas; la Iglesia es una potencia del Mal, la casi prehistórica Irlanda (con fanatizados garantizando el infierno a todo aquel que aborte o haga uso de métodos anticonceptivos) y Estados Unidos es la demasiado lejana Tierra Prometida que nunca cumple del todo sus promesas; toda institución está corrupta y toda familia esconde algo; el cada vez más eficiente y mejor delineado inspector Hackett (quien podría protagonizar sus propias novelas) anda dando vueltas por ahí como un Watson que no se resigna a ser simple acompañante; el devastado pariente Malachy Griffin (Quirke hizo volar por los aires su vida en El secreto de Christine) es el resignado colega de pub y, como en entregas anteriores, una mujer más o menos fatal no vivirá para contar la fatalidad de su cuento.

En este caso, la víctima sacrificial es April Latimer: oveja negra de familia patricia y doctora amiga de Phoebe que ha desaparecido dejando poco rastro. Quirke –tener en cuenta que el título original es Elegy for April– desde el principio la da por muerta. Así que sólo queda esclarecer el cómo, el dónde, el porqué y el quién ha sido. La resolución del asunto –girando alrededor de un grupo de cuatro amigos de Phoebe y destaca el nigeriano estudiante de medicina Patrick Ojukwu– da lugar no sólo, ya se dijo, a lo más logrado de Black hasta la fecha sino también a grandes páginas de Banville. Casi un Dublineses virado al noir –esa joyceana primera persona indirecta para la narración– a la hora de retratar la juvenil bohemia de entonces (Quirke tendrá un affaire con Isabella, inquieta actriz del círculo de Phoebe) y los (malos) hábitos del añejo clan de los Latimer, conectados directamente con la turbulenta historia local y quienes parecen más bien poco interesados en buscar a April y menos aún en que April aparezca.

Banville –quien acaba de cerrar el manuscrito de nueva novela, solo suya, titulada Ancient Light y a publicarse promediando el 2012– siempre se ha referido a la práctica del thriller como “una disciplina completamente diferente” y “un poco glorioso trabajo manual que disfruto inmensamente: como si se tratara de armar una silla, una silla bien hecha”.

Y, de acuerdo, hay una diferencia atendible: la culpa en las novelas de Banville es un crimen sin resolución; pero nada de “poco glorioso” hay en estas “artesanías” firmadas por otro que es él mismo, apenas escondido tras la niebla dublinesa, mientras nosotros, sentados en la mejor de las sillas, seguimos siguiendo a Quirke por los callejones de esa maldita ciudad.

Leé las primeras páginas del libro acá:

***

En busca de April. Benjamin Black

327 páginas. Editorial Alfaguara.

Sensibilidad japonesa en tres tonos

diciembre 16, 2011 Deja un comentario
Los múltiples matices de una voz
ADN. 9 de diciembre de 2011.
Por Anna-Kazumi Stahl
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