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Archive for 18 junio 2012

La frialdad del nuevo policial negro

junio 18, 2012 Deja un comentario

Ñ. 15 de junio de 2012.

El relato policial que viene de los márgenes de Europa

¿Hay un nuevo policial negro? ¿Se escribe en países europeos no centrales? ¿En La fría Suecia? ¿En Dublín, Belfast o Glasgow? Un viaje por el crimen de hoy.
Por Jaime Pecheur

El comisario Adamsberg sabía planchar las camisas; su madre le había enseñado a aplanar la pieza de los hombros y alisar la tela alrededor de los botones.” Con esta presentación, inimaginable en tiempos de Gideon Fell –el protagonista de 23 novelas policiales escritas por John Dickson Carr entre 1933 y 1967–, comienza Un lugar incierto, la penúltima pieza de la saga de este comisario poco meno que delirante, ideada por una arqueozoóloga francesa llamada Frédérique Audoin-Rouzeau, autora de un monumental trabajo sobre la peste negra y otro sobre las osamentas animales de la Edad Media. Allí, en esa revelación doméstica, pero también en el hecho de que la escritora elija, cuando se trata de esta clase de libros, firmar como Fred Vargas, un nombre masculino e hispano –aunque el Fred sea la abreviatura del verdadero Frédérique y Vargas provenga del personaje de Ava Gardner en La condesa descalza–, se encierran algunas claves de lo que, con algo de pretenciosidad podría denominarse “el nuevo policial negro”.

Hay, en el género, ya desde su comienzo, una cierta impronta vergonzante. Los antiguos detectives eran –como quienes los creaban– amateurs. Para unos y para otros, se trataba de un ejercicio intelectual. Sobre todo en los casos del citado Dickson Carr y de Nicholas Blake (seudónimo del poeta Cecil Day Lewis y uno de los grandes maestros del policial inglés) los investigadores no dependían económicamente de la resolución de sus casos. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, creadores, en 1945, de la colección El Séptimo Círculo fueron los introductores de estos dos autores en castellano, más allá de alguna edición suelta en la década de 1930. El número 1 de la serie fue La bestia debe morir, de Blake, y el 2, Los anteojos negros, de Dickson Carr. En esa obra hace su aparición, para los hispanoparlantes, Fell (la primera novela en la que había aparecido, en realidad, era Hag’s Nook, de 1933), alguien presentado como lexicógrafo y de quien lo único que llegaba a conocerse era la pipa y su fenomenal corpulencia, algo que ponía en escena su necesaria inmovilidad. La investigación –y los policiales, podrían agregar sus eruditos creadores– no era cuestión de movimiento sino de inteligencia. Y la parodia Seis problemas para don Isidro Parodi, de Borges y Bioy (quienes también usaron un seudónimo, H. Bustos Domecq), publicada por Sur en 1942, llevaba esta característica hasta un límite. El investigador, un ex peluquero, estaba preso y resolvía sus casos sin moverse de la celda 273 de la Penitenciaría Nacional.

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Categorías:Notas

860 páginas de literatura pura

junio 14, 2012 Deja un comentario

Página 12
10 de Junio de 2012
Por Martín Kasañetz

Mea culpa

El escritor catalán Jaume Cabré retoma una ambición novelística que ya no parece de esta época. Con este gran mérito a cuestas, lleva adelante la historia familiar de un niño de la posguerra española en cuyo centro late la culpa, y suena la música de un violín inolvidable.

Jaume Cabré parece ser uno de esos escritores que atrasa, pero en el buen sentido. Mientras el mercado literario apunta a la literatura light de tonos más bien neutros, este escritor catalán se sumerge en el proyecto ambicioso de una obra multifacética y desmesurada de más de ochocientas cincuenta páginas que, contra todo pronóstico, se transforma en un vendedor imparable, adictivo. En la monumental Yo confieso intervienen más de un centenar de personajes que se sitúan en múltiples escenarios y épocas de Europa –como ser Roma a principio del siglo veinte o Gerona en los siglos catorce y quince o París de los siglos diecisiete y dieciocho, entre otras locaciones– pero fundamentalmente se centra en la Barcelona de la posguerra para contar la historia de un niño, Adrià Ardèvol, en el núcleo de un hogar disfuncional.

Esta familia está compuesta por su padre –un coleccionista de antigüedades con un pasado de formación religiosa frustrada– que actúa sobre su hijo infligiéndole un mandato extremadamente exigente, obligándolo a estudiar múltiples idiomas y a repetir como un loro palabras complejas frente a las visitas; su madre, una mujer fría que evita cualquier tipo de contacto físico con su hijo y, sobre todo, que jamás interfiere en el trato cruel que el niño sufre de parte de su padre. Por su parte, Adrià posee una gran curiosidad e inteligencia que lo incita a estar muy atento a todo lo que sucede en su casa. Los turbios negocios de su padre y la brutal indiferencia que le proporciona su madre lo llevan a abrazar el mundo de la imaginación con sus dos compañeros infaltables ante cada conflicto: el valeroso jefe arapaho Aguila Negra y el Sheriff Carson, sus dos muñequitos admirados. A medida que crece, Adrià comienza a alejarse de ese mundo infantil y conoce a quien luego será su amigo preferido, Bernat, con el cual comparte el amor por la música y las clases de violín. Aquí es donde Cabré abre la novela en un abanico, por momentos abrumador, de relatos que se proyectan desde la fabricación del violín de colección que posee el padre de Adrià, en el siglo quince, hasta la actualidad. Cabré utiliza la imaginación del niño para seguir el camino de este violín, que actúa como hilo conductor en la novela, hasta la propia vejez de Adrià. Este violín de gran valor llamado Storioni –que también podría haber sido un Stradivarius– ronda por toda la novela atravesando múltiples situaciones y personajes. Un giro argumental clave en el relato es la inesperada muerte del padre de Adrià. La realidad de este niño cambiará inesperadamente, dejándolo saturado de preguntas y con un sentimiento de culpa que forjará su personalidad y transformará para siempre la relación con su entorno, asumiendo –a la fuerza– una nueva adultez en su vida: “Me parece que mi madre no volvió a verme nunca más desde entonces. Seguro que había averiguado que toda la culpa era mía y por eso ya no quería saber nada de mí”.

El personaje central de esta novela parece necesitar de algún perdón para remediar aquello que interiormente lo atormenta. Dentro de la religión católica la confesión es la manera de liberar el sentimiento de culpa, por medio del arrepentimiento y la oración –a modo de catarsis– se obtendría la absolución del pecado. Yo confieso parece ser una larga oración que abarca los temas no resueltos, tanto individuales –dentro de una familia– como de la humanidad con el pasado, desde hechos puntuales como la Inquisición y el nazismo, hasta la continua y sangrienta lucha por las fronteras y las religiones, estableciendo un estudio meticuloso y exageradamente detallista, que parte de la singularidad de varios hechos sucedidos en Europa, hasta la universalidad de la historia del alma humana.

Categorías:Notas

San Pablo en Buenos Aires

junio 7, 2012 Deja un comentario
Viernes, 1 de junio de 2012
Por Silvina Freire 

LITERATURA › EL ESCRITOR BRASILEÑO FERREZ PRESENTA SU MANUAL PRACTICO DEL ODIO

“Este libro es un cuadernillo para mostrar cómo se sufre”

El autor criado en la periferia paulista publica por primera vez en la Argentina esta novela de acción, una suerte de “retrato en movimiento” de la marginalidad. “Quería mostrar cómo el destino les toma las manos a los jóvenes para que se enreden con el crimen”, dice.

El niño Reginaldo Ferreira da Silva caminaba por la periferia de San Pablo, en el extremo sur de la ciudad, en el barrio Capão Redondo, un territorio surcado por las tensiones, la violencia y los sueños malogrados, el combustible preferido para inflamar la retórica demencial de la seguridad en los medios de comunicación. El primer capítulo de la batalla de la vida empezaba para el hijo de un chofer de ómnibus y una empleada doméstica. Reginaldo tenía un libro bajo el brazo, como si abrazara una esperanza. “Loco y puto”, escuchó, sin darse cuenta de que él era el blanco de esos insultos. Unos chicos lo apedrearon, lo patearon. No esperaba ese revés. No sabía que un libro y un lector podrían ser objeto de tanto desprecio. Los párpados le pesaban más que de costumbre. El dolor se expandía en cámara lenta, como un ahogado que se hunde en las profundidades del mar. “La fuerza no sirve, tenés que usar la sapiencia”, se dijo a sí mismo para amortiguar la pena y la rabia. No quería que el entendimiento abdicara. Se rehusaba a ser arrastrado y aniquilado, como tantos amigos que en el futuro morirían. Antes de que caiga el telón de la memoria sobre este episodio bautismal, Ferréz, el escritor brasileño que vino al país a presentar su novela Manual práctico del odio (Corregidor), traducida por Lucía Tennina, reconstruye otra escena trascendental para el niño que fue. Su madre, después de limpiar casas, escribía poesía en repasadores. “El corazón de los otros es una tierra por donde nadie camina”, rezaba uno de los versos que más recuerda su hijo en la entrevista con Página/12.

Ferréz, creador del Movimiento de Literatura Marginal que desde fines de los años ’90 agrupa a escritores de las regiones periféricas del Brasil, habla de forma limpia, sin desvíos, como señala el poeta Arnaldo Antunes en uno de los textos críticos que acompaña la primera edición en español de Manual práctico del odio, publicado en su país en 2003. Novela de acción, con una prosa sustantiva, sin subterfugios, es “un retrato en movimiento” desde el exterior-interior de cada…

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Comprá Manual Práctico del odio acá

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Philip Roth y Nathan Zucker (su alter ego) ganan el Premio Príncipe de Asturias 2012.

junio 7, 2012 Deja un comentario

Philip Roth, Premio Príncipe de Asturias de las Letras
Propuesto para el Nobel de Literatura en numerosas ocasiones, el autor de “Pastoral americana”, por el que obtuvo el Premio Pullitzer en 1998, fue incluido por el crítico literario Harold Bloom entre los cuatro escritores estadounidenses vivos más importantes, cuyos reflejan su curiosidad por la identidad personal, cultural y étnica, y la creación artística.

 

El novelista estadounidense Philip Roth ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012. (EFE)

Roth, nacido en Newark, Nueva Jersey (EEUU), en 1933, es el segundo hijo de una familia estadounidense de origen judío emigrada de Galitzia, una región de Europa Central hoy en día perteneciente a Ucrania, y está considerado uno de los mejores escritores norteamericanos de los últimos veinticinco años.

Su primera obra, Adiós, Colón, publicada en 1959, después de dos años de estancia en el ejército, es un libro de relatos sobre la vida de los judíos en Estados Unidos, que obtuvo el importante National Book Award y lo situó en el primer plano del éxito editorial y de la más atenta “crítica rabínica”.

Huida (1962), su primera novela, narra la agonía de un joven catedrático que se debate entre razón y sentimientos, conflicto que constituye una de las claves de su producción literaria.

Desde entonces, cada nueva obra suya ha sido un éxito editorial y objeto de escándalo e impacto en la sociedad estadounidense.

Roth abandonó la docencia en 1992 para dedicarse por entero a la literatura y, a lo largo de su carrera, se ha servido de su personaje Nathan Zuckerman, su alter ego, para analizar con fino humor las desesperanzas y fantasías de sus compatriotas.

Pastoral Americana (1998), Yo me casé con un comunista (2000) y La mancha humana (2001), forman la trilogía sobre la reciente historia de EEUU.

Pero Roth volvió a remover los cimientos del mundo literario con La conjura contra América (2005) a partir de un relato donde describe una versión alternativa de la historia de Estados Unidos, en la que el presidente Roosevelt es derrotado por el aviador Charles Lindbergh, un antisemita declarado que firma un tratado de paz con Hitler.

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Comprá los libros de Philip Roth en Paradigma.

INDIGNACION. PHILIP ROTH

MONDADORI. 176 PAGINAS

NEMESIS. PHILIP ROTH

MONDADORI. 216 PAGINAS

ENGAÑO. PHILIP ROTH

MONDADORI. 192 PÁGINAS

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La repetición de una misma noche

junio 6, 2012 1 comentario

El argentino Leopoldo Brizuela gana el premio Alfaguara de Novela por su obra “Una misma noche”, una reflexión sobre la dictadura.

El texto fue elegido de entre 785 manuscritos presentados. El jurado, presidido por la escritora española Rosa Montero e integrado por Montxo Armendáriz, Lluis Morral, Jurgen Dormagen, Antonio Orejudo y Pilar Reyes, realizó el anuncio a través de una videoconferencia desde Madrid de la que participaron en simultáneo distintos países de América Latina, entre ellos la Argentina, que contó con la presencia del ganador ni bien se conoció el fallo, informó Télam.

Presentada bajo el título “La repetición”, la novela cuenta la historia de un escritor que un día es testigo de un asalto a la casa de sus vecinos por parte de la policía y ese incidente abre el dique de sus recuerdos: en el año 1976, durante la dictadura militar esa misma casa había sufrido un ataque.

De este modo, Leonardo, el narrador de la historia, un escritor de 40 años, decide escribir una novela para rescatar y exorcizar ese pasado que dejó una huella imborrable en su memoria de adolescente, “una historia inspirada en hechos reales”, reveló el propio Brizuela.

“Eso que ocurrió fue real y durante años lo conté oralmente a gente cercana y me daba cuenta de que podía ser interpretado de las maneras más opuestas. El gran motor de la novela era esa capacidad que tenemos de modificar el pasado, de modificar la propia memoria y cómo un recuerdo puede ser dicho de muchas maneras”, detalló, según consignó Télam.

Brizuela (La Plata, 1963), autor de “Inglaterra. Una fábula” y “Lisboa. Un melodrama”, sostuvo que “la historia tiene la atracción de los misterios que exigen ser revelados, que exigen que se les ponga palabras. Es una novela dura, llena de amenazas y de dolor pero abre la capacidad de cambio”.

Cuando se le preguntó por el estilo de su escritura, que el jurado calificó de minimalista, Brizuela dijo: “Para ser sincero, escribí en estado de inspiración, tenía tanta necesidad de escribirla que no sé si tuve elecciones demasiados concientes, sólo pensaba en desentrañar esa historia, que iba eligiendo sus modos, sus palabras. Era un tono que la novela misma exigía”.

“Me interesa -agregó- una frase de Flannery O`Connor que dice, `no escribo lo que pienso sino para saber lo que pienso` y en ese sentido yo escribí para tratar de entender”, detalló.

Para la española Rosa Montero, “la novela trata temas mayores, porque roza las tragedias clásicas, la relación entre padre e hijo, la relación entre el individuo y la sociedad, la culpa y la violencia, la dignidad y la indignidad, todas tragedias contadas con una contención increíble y con una gran potencia narrativa”.

Leopoldo Brizuela. Una misma noche

Alfaguara. 2012. 280 páginas

Categorías:Notas