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Las siete de Paradigma a Felix Bruzzone

septiembre 5, 2014 Deja un comentario

feliz

I- ¿Por qué escribís?

Por muchas cosas diferentes, muchas a veces contrapuestas. Pero la razón principal es que desde que empecé a hacerlo, allá en la infancia, que era cuando le escribía cartas a mi abuela de Villa Mercedes, San Luis, contándole mi vida (una especie de diario epistolar), nunca me detuve. Interrumpí y abandoné todo tipo de actividades en mi vida. Incluso cosas muy vitales. La de escribir fue la única que siempre siguió.

II- ¿Qué libro leés actualmente?

Hoy me encontrás leyendo Big Sur, de Kerouac, porque me lo prestó una alumna; y dos libros pasatistas sobre La Cámpora y sobre Cristina que se dejan leer bastante bien.

III- ¿Qué autores o libros influencian en tu escritura?

Lo que tengo a mano en el momento. Aunque últimamente reconozco bastante esas influencias más profundas que son las que de una u otra forma siempre están. Ellas formarían una línea ondulante quepasa por Kafka, “El pozo” de Onetti, Rulfo, Levrero, Ballard, Rejtman, Bradbury y Puig, más o menos. 

IV- ¿Qué autor joven recomendarías?

Sagrado Sebakis.

V- ¿Libro papel o eBook?

Papel.

VI- ¿Una anécdota literaria que quieras compartir?  

No es muy literaria, pero una vez estábamos distribuyendo libros de Tamarisco con Hernán Vanoli y en un descuido Hernán olvidó que en uno de los libros entregados había quedado un sobrecito. Un sobrecito pequeño. Volvimos a buscarlo con no me acuerdo qué excusa.

VII- Si tuvieras la posibilidad de escribir tu epitafio ¿qué diría?  

Tendría que pensarlo más sobre la hora. Si me dan tanto tiempo no escribo nada.

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De países imaginarios y exilios voluntarios

diciembre 7, 2011 Deja un comentario

Una generación espontánea.
ADN. 2 de diciembre de 2011.
Por Josefina Delgado.

La narrativa argentina se renueva con creadores que tratan desde temas cercanos a lo fantástico hasta la verosimilitud de las vidas cotidianas.

Gordon Lish, responsable del área de ficción en la editorial estadounidense Knopf se definió, en una reciente entrevista, como un romántico que aún cree en la trascendencia de la literatura y en que los excluidos del canon algún día serán reconocidos. Paradójicamente, Lish da cursos a escritores. “¿Qué necesitan aprender los escritores?”, le pregunta el periodista. “Que lo que hacen importa”, contesta. “Y cómo son los estudiantes hoy en día?”, insiste el periodista. “No quieren ser amateurs . ¡Contratan publicistas!” Y termina con esta afirmación que describe certeramente la situación de la ficción en el siglo XXI: “Siento que soy el guardián en el centeno que impedirá que esos chicos se conviertan en un producto”.

Claro, Lish no solamente fue el editor de Raymond Carver, el creador de un minimalismo hijo del mejor Chejov, además es el autor de varias novelas, entre ellas Epígrafe , editada en España, y surgida de la trágica experiencia de la muerte de su mujer. Es decir, ha sabido leer como editor, escribe desde su violenta experiencia y cree en la literatura.

¿Por qué empezar con estas citas de un escritor que pertenece a un mundo del gusto y de la sensibilidad tan distinto del nuestro? Quizá porque se ha producido una vuelta en la narrativa argentina: una generación de escritores que comienza con algunos ya patriarcas, como Berti y De Santis, que abandonan la traza abierta por escritores como Piglia, Chernov, Pauls (en la que la metanovela y toda reflexión sesgada sobre una referencialidad cuestionada refiere de todos modos a historias compartidas) para encaminarse hacia propuestas que se encarnan en formas de ficción cercanas o propuestas como literatura paródica (Gabriela Cabezón Cámara, La Virgen Cabeza ), fantástica (Oliverio Coelho, Los invertebrables , Un hombre llamado Lobo), de un costumbrismo exagerado y por lo tanto irónico (Ariel Magnus, Un chino en bicicleta ), la confesión casi autobiográfica pero disipada en un aura de melancolía casi lírica (Félix Bruzzone, Los topos ; Laura Alcoba, La casa de los conejos ; Diego Meret, En la pausa ; Carlos Busqued, Bajo este sol tremendo ). Finalmente, una ficcionalidad cercana al planteo filosófico, donde no importa tanto el recorrido narrativo como la propuesta de que el lector, a través de la reescritura de género (Andrés Neuman, El viajero del siglo) o la reinterpretación de personajes ausentes y por lo tanto alegóricos (Pedro Mairal, Salvatierra;  Patricio Pron, El comienzo de la primavera , El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia), se abra a mundos donde las problemáticas ya no son las del pequeño mundo de la aldea. Esta generación mira hacia afuera, sale del encierro cultural, viaja; muchos han elegido estudiar en universidades europeas o norteamericanas, otros viven lejos como resultado del exilio familiar. Y sin embargo, como hace poco decía en Madrid Pron, siguen aferrados a un país imaginario.

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La virgen cabeza. Gabriela Cabezón Cámara.

Ed. Eterna cadencia. 168 páginas.

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El hombre sentado. Ariel Magnus.

Ed. Eterna cadencia. 176 paǵinas.

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El mundo sin las personas que
lo afean y lo arruinan
.  Patricio Pron.

Ed. Mondadori 224 páginas.

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Barrefondo. Félix Bruzzone

Ed. Mondadori. 216 páginas.